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Defensoría y el INDH impulsan taller de reinserción con enfoque aymara en la cárcel de Arica

El hito “Reinserción desde lo propio” fue liderado por la facilitadora intercultural de la Defensoría, Inés Flores y se realizó con el apoyo de abogados y asistentes sociales de la institución.

La Defensoría Penal Pública de Arica y Parinacota, a través de su Unidad de Estudios, realizó el Taller Piloto «Reinserción desde lo Propio», dirigido a mujeres indígenas condenadas, que se encuentran privadas de libertad en el Centro Penitenciario Femenino de Arica.

La iniciativa, realizada en mayo, se desarrolló en coordinación con el Instituto Nacional de Derechos Humanos y contó con la participación de profesionales y expositores provenientes de comunidades indígenas de la región.

La actividad marcó un hito en la forma en que la institución concibe su labor junto a las personas más vulnerables del sistema penal: no solo como representación jurídica, sino como acompañamiento humano, cultural y espiritual. Es así como el hito se sustentó en la convicción de que la verdadera reinserción no puede construirse desde afuera, sino desde adentro; desde la propia identidad, desde la cosmovisión aymara, desde los saberes ancestrales que las mujeres participantes llevan consigo incluso en el encierro.

El Alcaide (s) Centro Penitenciario Femenino de Arica, Teniente Coronel Víctor Briceño Guiñez manifestó que “son importantes este tipo de actividades que se realizan desde una mirada intercultural resaltando la importancia de considerar en los procesos de reinserción, la cosmovisión, los valores, la relación de las personas con el territorio, la naturaleza, la comunidad como también la historia y la cultura de los pueblos originarios”.

El oficial agradeció la disposición de las instituciones por desarrollar este tipo de iniciativas que sin dudas, potencian los procesos de reinserción de la población penal.

El Defensor Regional, Sergio Zenteno, valoró profundamente la actividad. “Esta instancia nos recuerda que nuestra función no termina en la audiencia. Las mujeres aymara que se encuentran privadas de libertad tienen una identidad, una historia y una cosmovisión que el sistema no puede ignorar. Que la reinserción se construya desde lo propio, desde la cultura y los valores que ellas mismas portan, es la forma más genuina y efectiva de acompañarlas en su proceso. Estamos orgullosos de este primer paso y comprometidos a que no sea el último».

Por su parte, el jefe regional del INDH Carlos Baeza expresó “como sede regional del INDH valoramos muy positivamente iniciativas como ‘Reinserción desde lo propio’, que promueven el reconocimiento y la valoración de la identidad cultural de las mujeres privadas de libertad, particularmente de aquellas pertenecientes a los pueblos aymara y quechua. La privación de libertad no puede implicar la pérdida o renuncia a la propia cultura, lengua, tradiciones y formas de identidad”.

“Este tipo de acciones se encuentran en línea con los principios reconocidos en el Convenio N.º 169 de la OIT, que establece el deber de los Estados de respetar y proteger la identidad cultural de los pueblos indígenas. Incorporar esta perspectiva intercultural en los recintos penitenciarios no solo fortalece el respeto a los derechos humanos, sino que también contribuye de manera significativa a los procesos de reinserción social, favoreciendo el vínculo de las personas con su historia, su comunidad y su proyecto de vida», agregó Carlos Baeza.

Portadoras de cultura

En ese espacio de encuentro, las mujeres pudieron reconocerse como portadoras de una cultura viva —la cultura aymara—, con sus propios valores, formas de relacionarse con la naturaleza, el territorio y la comunidad, elementos que no desaparecen tras los muros de un recinto penitenciario y que, por el contrario, constituyen el fundamento más sólido sobre el cual reconstruir un proyecto de vida.

El taller fue articulado y liderado desde su gestión por Inés Flores, facilitadora intercultural de la Defensoría Penal Pública, cuyo rol fue determinante para traducir en acción concreta la perspectiva intercultural que guía el trabajo de la institución con los pueblos originarios. Contó con el respaldo del equipo penitenciario de la institución, integrado por los defensores penitenciarios Arturo Butrón y Marcela Espíndola, y de las trabajadoras sociales Jemima Naranjo y Pamela Balmaceda, además de la colaboración de Gendarmería que autorizó y facilitó el desarrollo de esta instancia en sus dependencias.

Con este taller la institución reafirma su compromiso de construir una defensa penal que dialogue con las identidades culturales de quienes representa, y anuncia que esta experiencia piloto sentará las bases para replicar y profundizar este tipo de iniciativas en el futuro.

Reinserción

La jefa de Estudios, Constanza Álamos, en tanto, destacó el sentido profundo de la iniciativa: «Cuando hablamos de reinserción desde lo propio, estamos hablando de algo que va mucho más allá de un programa. Estamos reconociendo que estas mujeres son mucho más que su causa penal: son parte de un pueblo, de una cultura milenaria como la aymara, con saberes y valores que tienen una potencia enorme para reconstruir sus vidas. Este taller nació de esa convicción, y los resultados que pudimos ver en el encuentro confirman que este es el camino».

Para la facilitadora intercultural y gestora de esta iniciativa, Inés Flores, el taller aporta desde la propia pertenencia cultural: «Para las mujeres aymara, la identidad no se pierde con la condena. La Pachamama, los rituales, la lengua, la comunidad: todo eso sigue siendo parte de quiénes son. Este taller fue una oportunidad para que ellas lo recordaran, para que se vieran a sí mismas no solo como personas privadas de libertad, sino como mujeres con raíces, con pertenencia, con un futuro posible desde lo que son. Fue un espacio de sanación y de reencuentro».

La Defensoría Penal Pública de Arica y Parinacota continuará trabajando para que iniciativas como esta sean parte permanente de su quehacer institucional, convencida de que una defensa penal con pertinencia cultural e intercultural es no solo un mandato ético, sino también el camino más efectivo hacia una reinserción real y duradera.

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