«Del Sename a la vida que siempre soñé»: Joven ariqueño publicará libro autobiográfico sobre su historia de superación
Juan Araya Veas transformó en una publicación las experiencias que vivió en residencia de menores y en la calle. La obra será presentada este mes en Antofagasta y en julio en Arica.

Lo que comenzó como un ejercicio terapéutico terminó convirtiéndose en un libro. Juan Araya Veas, ariqueño de 32 años radicado en Antofagasta, publicará «Del Sename a la vida que siempre soñé», una obra autobiográfica en la que relata cómo logró superar una infancia marcada por el abandono y construir el futuro que anhelaba.
Cerca de 110 páginas divididas en 16 capítulos forman parte de un testimonio de resiliencia, como su autor lo denomina. Lo redactó para plasmar en palabras su paso por el ex Servicio Nacional de Menores, su vida en la calle y el proceso que lo llevó a reconstruir su historia.
Actualmente vive en Antofagasta. La editorial Filzic de esa ciudad le dio la oportunidad de reproducir su historia, la que está marcada por las carencias, la violencia y el abandono, pero también de esperanza y reconstrucción. Los capítulos abordan temáticas como su paso por residencia, su amor al fútbol, las peleas en la adolescencia, el amor de pareja, y la familia, entre otros.
“El libro lo venía trabajando y tratando de sacarlo hace años. El 26 de junio haré mi presentación en la Feria del Libro en Antofagasta, donde viene gente y autores de todo Chile. También me ofrecieron hacer un lanzamiento en Arica, a través de San Marcos, porque es muy importante en mi vida, incluso hay un capítulo de mi libro que está dedicado al club. Haremos el lanzamiento el 9 de julio, a las 12 del mediodía en el estadio Carlos Dittborn ”, dice.
Respecto a cómo nace la idea de hacer un libro sobre su vida, Juan recuerda que todo comenzó como una tarea que le dio su psicóloga, quien le pidió que en un cuaderno anotara partes relevantes de su historia. Luego, leyéndolo juntos, le da la idea del libro. Pero Juan reconoce que había episodios bien oscuros en la narrativa. Faltaba entonces, la luz, la esperanza. Así, le dio una vuelta e incluyó cómo sus sueños se fueron haciendo realidad.
“Mi psicóloga me hizo ponerle fecha de caducidad a las metas. Creo que los sueños siempre quedarán en sueños si no los cumples, pero si los transformas en metas es distinto. Mi sueño era comprarme una casa y lo puse como meta. Tener un auto y saqué la licencia de conducir; y así todas las cosas que he ido logrando. Mi sueño ahora es terminar mi carrera, trabajar en lo que en lo que estudié y poder comprarme mi segunda casa. También me gustaría dar charlas, ir a los hogares”.
Dos caminos y una salida
Sin embargo, antes de alcanzar esas metas, Juan enfrentó una infancia marcada por el abandono y la vida en la calle. Recuerda que tomó agua del San José, que vivió en el centro, que estuvo en un hogar de menores en calle Lautaro, donde lo pasaba mal, se arrancaba, y lo devolvían al hogar. Así infinitas veces. Robar, vender. En la adolescencia hubo peleas y una vez, le partieron la cabeza. Su destino, reconoce, estaba en ese entonces marcado solo por dos caminos: O se moría o se iba preso.
“Me fui de Arica, era la decisión que tenía que tomar para cambiar. Me vine a Antofagasta a los 19 años y acá conocí a mi esposa Tiare, y tuvimos a mi hijo Agustín, que hoy tiene 10 años. Él es un niño amoroso, muy divertido, muy tranquilo. Ellos son mi tribu”.
Cuando supo que Tiare estaba embarazada fue a los nueve meses de estar juntos. Es ahí cuando por primera vez, Juan tuvo que trabajar porque un hijo venía en camino. Fue a una construcción a buscar pega en lo que fuera, y pese a que no sabía nada, Don José, su jefe, le dio la oportunidad de entrar como jornal. A los 9 meses era ayudante de carpintería, y al año ya era albañil.
“Siempre escuché a las personas decirme, ‘él es delincuente, él va a terminar mal’, y pienso ahora que no hay que mirar así. O sea, lo único que quieren los niños en abandono es cariño, atención, nada más. El libro recoge estos pasajes de mi vida que son complejos, pero hoy estoy muy orgulloso. Lloro bastante cuando recuerdo a ese niño que fui, porque duele, y siempre va a doler, pero mirar lo que tengo hoy me da una felicidad enorme”, cuenta.
La vida siguió en Antofagasta y fue operador de maquinaria pesada. Actualmente le queda un año y medio para terminar la carrera de Ingeniería en Minas. “Yo odiaba el mundo y no era culpa de las personas, sino de quien me dejó en abandono. Quiero mostrar con ejemplo que, si yo pude, y tengo todo es gracias a que lo busqué y encontré también una buena persona, porque tener todo lo que tengo es mérito también de mi esposa, quien tuvo paciencia por muchos años. Yo vivía con pena, con rabia, y ella tuvo que bancarse eso por años. Nunca mostré debilidad, porque siempre tenía que ser choro. Con mi esposa, ya siendo adulto puedo llorar, sentir miedo y preocupación”.
San Marcos en el corazón
El fútbol es algo que Juan ama. En su libro hay un capítulo denominado “El fútbol me devolvió la vida”, y otro que se titula “El hincha fiel”, donde detalla la pasión por el balompié y el equipo ariqueño. Incluso fue parte de la barra Los Bravos del Morro.
“De verdad el futbol me salvó. Gracias a una asistente social pude conocer a San Marcos de Arica y hasta hoy lo llevo en el corazón”. Por ello no es extraño que el lanzamiento de su libro en Arica sea gracias al equipo de sus amores, el próximo 9 de julio.



